lunes, 27 de abril de 2020

9. Café con Camarón y Tomatito



Mientras rodaban las escenas de la infancia de Camarón (José Monje Cruz 1950-1992) en San Fernando, una multitud estaba siempre rodeando a los actores, e iban comentando sus recuerdos de aquellos años y acompañaban con frases como “así fue” o “así pasó”. Resulta difícil calibrar el alcance del fenómeno flamenco en esos lugares de su biografía que llegaban a la auténtica veneración.
En una ocasión un señor muy mayor se acercó al niño actor que encarnaba al artista y le dijo con lágrimas en los ojos “¿te acuerdas cuando me cantabas?”. Pensar en ese anciano que creía ver de nuevo a su admirado Camarón enternece y entristece al mismo tiempo. 
El momento culminante de emoción y tristeza en la excelente película que el director Jaime Chavarri realizó en 2005, llega cuando Camarón se entera de la terrible enfermedad que padece, justo antes de una actuación. Al igual que a su esposa, la Chispa, en esta escena, se me encoge el pecho de pena.
Mientras escucháis este fragmento del último concierto que dio Camarón en Francia fijaos en los diferentes toques de guitarra con que acompaña Tomatito, y daos cuenta de cómo está permanentemente pendiente de Camarón, lo sigue y lo acompaña como si fueran una sola persona, lo cual no es nada fácil. Comienza con rasgueos y golpes en la madera de la guitarra y luego van apareciendo picados (escalas rápidas con dos dedos) y alzapúa (golpes y rasgueos rápidos con el pulgar en las cuerdas graves) mientras la letra y el cante se van suavizando y entristeciendo.
Una auténtica maravilla, súper emocionante que espero que disfrutéis.


lunes, 20 de abril de 2020

8- Café con Chopin (II)


El perito de George Sand, al que llamaban Marquis, no dejaba de dar vueltas en el jardín de su casa de Nohant, tratando de alcanzar su propia cola, no sabemos si como juego, por desconfianza, por agresividad o por pura estupidez (en eso no andaba muy lejos de muchos humanos). El compositor lo observaba en silencio, entre divertido y pensativo. Hacía tiempo que había demostrado su afecto por el animal en alguna carta, en la que agradece a Marquis el haberle echado de menos, olisqueando la puerta de su habitación. Incluso la propia George Sand, según cuenta la leyenda, le habría dicho: “Si yo tuviese tu talento, compondría una pieza para piano para este perro”. 

El caso es que aquel suave, firme y continuo movimiento circular inspiró al músico para escribir una sencilla obra en ritmo de vals y velocidad endiablada, motivo por el cual esta obra es también conocida como “Valse du Petit Chien” (El vals del perrito)

El otro subtítulo por el que es conocido este vals se debe al nombre que le puso el editor, Breitkopf & Härtel, quien pensó que una obra de sólo 138 compases se podría tocar en un minuto. La verdad es que en realidad su interpretación suele rondar los dos minutos, que tampoco es que, de mucho tiempo a recrearse en el café, pero, si sabe a poco, siempre puedo uno darle otra vez a botón de reproducción y volver a escuchar este famoso "vals del minuto" de Chopin. 

En este vídeo el asombroso pianista Marc-André Hamelin realiza una recreación, con un final sorprendente y no menos virtuoso de lo que nos tiene acostumbrados. 


Preguntas: 
¿Cómo se llamaba el perrito?
¿Qué tipo de pieza escribió Chopin: una sonata, un tango, un vals o una suite?
¿Qué nombre el puso Chopin a la pieza para piano inspirada en el perro de George Sand?
¿Qué título le puso el editor? 
¿Porqué?

jueves, 16 de abril de 2020

7. Café con Vincenzo Bellini. (1801-1835)





Se cuenta una historia sobre el compositor de óperas Vincenzo Bellini, cuyo final cuesta creer, pero que es, como mínimo, sobrecogedora.

Resulta que en 1822, cuando aún era estudiante, Bellini se convirtió en maestro de canto de la hija del ilustre señor Fumaroli, la bellísima Maddalena.
Naturalmente en cuanto se conocieron los veinteañeros se enmoraron perdidamente.
Como suele suceder en estos casos, el romance era de dominio público y sólo los padres de la chica desconocían la existencia de la pasión surgida entre ambos. 
Pasaron unos años y después del estreno de su primera ópera, Adelson e Salvini (1825), acogida con considerable éxito, Bellini se armó de valor y pidió la mano de su amada, pero los padres de Maddalena quedaron sorprendidos por el atrevimiento del joven músico, rechazaron la propuesta y le prohibieron volver a visitar a su hija.
La desesperación se apoderó de los amantes, pero Bellini estaba convencido de que antes de que escribiera 10 óperas los padres de la chica estarían orgullosos de ofrecerle su mano y ambos juran ser fieles el uno al otro y unirse después de la décima ópera, muertos o vivos. 

Bellini marchó a Milán en 1827 y, como predijo, los padres de Maddalena Fumaroli no esperaron a su décima ópera para aceptar la antigua petición de mano.

Tras el apoteósico éxito de La sonnambula (1831), Bellini recibió una carta de su amada que le informaba de que su padre había dado el consentimiento a su unión. Ahora podrían casarse en cuanto regresara.
La misiva sorprendió a Bellini cuando se hallaba volcado en la creación de una nueva ópera titulada Norma, y lo que es peor, envuelto en un romance con una mujer casada, Giuditta Turina. Bellini no acababa de decidirse. En una fría carta enviada a Maddalena, Vincenzo prometía que después del estreno de Norma regresaría a Nápoles para resolver los asuntos pendientes.

Pero ese viaje no se produjo jamás.

La pobre Maddalena siguió esperando y esperando, enviando cartas a su único amor, hasta que en 1834 murió y en su última carta recordó al compositor que habían pactado que “después de su décima ópera ellos se unirían en la vida o en la muerte”. 
Esta carta llegó a Bellini y al leer sus últimas palabras escritas y la noticia de su muerte, causaron una terrible impresión en Bellini, que enfermó de tristeza.

Cuenta la leyenda que Bellini fue perseguido por el fantasma de Maddalena, el cual se aparecía en forma de paloma blanca cuando caía la noche en su dormitorio. En el momento en el que Bellini puso la doble barra final a su siguiente ópera I puritani, la paloma salió de la partitura, suspiró 10 veces y desapareció.

Bellini murió unos meses después del estreno de I Puritani, precisamente... su décima ópera.

Os dejo con el aria más famosa de su ópera "Norma", que se titula Casta Diva, en una espectacular versión de Anna Netrebko, quizá no tan pura como la cantaba María Callas, pero igualmente hermosa.



domingo, 12 de abril de 2020

6. Café con Mirella Freni (1935-2020)




Era su aria favorita desde muy niña, y sólo soñaba con el día en que pudiera cantarlo. Por eso, a pesar de haber ganado el concurso, su corazón quedó destrozado cuando el tenor Beniamino Gigli, miembro del jurado, le advirtió (sensatamente) del riesgo que corría su voz si cantaba esa música tan intensa sin tener el suficiente desarrollo y madurez. Aquellas palabras se le quedaron grabadas y siempre que intentaba cantarla su voz se quebraba por la emoción y rompía a llorar. Por eso jamás se atrevió a cantarla en el escenario y sólo accedió a grabarla cuando su idolatrado director, el gran Herbert von Karajan la convenció para realizar en 1958 uno de los registros de referencia junto a su vecino y amigo, casi hermano, Luciano Pavarotti. Seguramente es, en conjunto, la mejor versión de la ópera Madama Butterfly de la historia. 

Ella misma dijo que el segundo acto le producía tal emoción que ponía en peligro la estabilidad de su voz, pero en el estudio podía parar la orquesta, calmarse y repetir, no así en un teatro. 

A mi también se me quiebra la voz al escucharla en esta escena, una de las más bellas de Puccini, en la que la pobre ilusa cree haber encontrado la felicidad duradera sin saber que está siendo engañada… 

La extraordinaria sensibilidad y fragilidad de Mirella, junto a la milagrosa música de Puccini hace que empaticemos inmediatamente con la pobre chiquilla y lloremos con ella, primero de felicidad y luego… 

Mirella Freni falleció en febrero de este año. Descanse en paz, divina Mirella Freni. 


viernes, 3 de abril de 2020

5. Nuevo vídeo de Jaime Altozano sobre Chopin

No os perdáis cuando tengáis un rato este excelente vídeo sobre la vida de Chopin y el estudio del preludio de la gota.


jueves, 2 de abril de 2020

4. Café con Frederick Chopin (1810-1849)


Chopin tenía pensado marchar unos meses a París para continuar con su formación. Sin embargo no sospechaba que jamás regresaría a su patria. Las revoluciones y la guerra contra los rusos se lo impidieron, por lo que permaneció el resto de su vida en Francia (pasando temporadas en Mallorca con su amiga, la escritora George Sand, para tratar de recuperarse de su enfermedad aunque lo que conseguía era ponerse aún peor, el pobre). 
Antes de partir, con 20 años, ya iba con el corazón roto al saber que su querida Konstancja Gladkowska, una soprano que había conocido dos años antes, se había casado con otro. Sus amigos le organizaron un concierto de despedida el 11 de octubre (de 1830) y para la ocasión estrenó su segundo concierto para piano y orquesta (hoy lo conocemos como su Nº 1, o simplemente "concierto en mi menor"). En esa velada además participó su amada Konstancja interpretando arias de Rossini. 

Todo el concierto es pura poesía, pero el segundo movimiento rebosa una melancolía casi insoportable. Chopin decía que este movimiento debía "producir la misma impresión que si la mirada se posara sobre un paisaje que amamos, que despierta en nosotros bellos recuerdos". 

Tal vez no se refería sólo a un paisaje.

Chopin mismo explicaba que nunca habría aprendido a tocar el piano de haber sido alemán: "Allí la gente se queja de que toco con demasiada suavidad, con exceso de delicadeza. Están acostumbrados a la manera de martillar el piano de sus propios músicos"

Una delicadeza infinita que nos transporta.

miércoles, 1 de abril de 2020

3. Recomendación de la semana 1

Recomendación de la semana

Libro Mademoiselle

Estoy extasiado con este libro, me lo he leído en una tarde (apenas 170 páginas de pequeño formato) y pienso releerlo para aprender todo lo que dice. Qué personaje tan extraordinario, qué anécdotas tan interesantes, cuánto aprendizaje.
Mademoiselle Boulanger fue la maestra de música más famosa del siglo XX, profesora en París, daba clases en su casa, por la que pasaron casi todos los grandes compositores del siglo pasado, y apenas sabía leer (por causa de su casi ceguera) pero era increiblemente culta. Un grandísimo ejemplo de vida y superación.
Os lo recomiendo vivamente.