jueves, 2 de abril de 2020

4. Café con Frederick Chopin (1810-1849)


Chopin tenía pensado marchar unos meses a París para continuar con su formación. Sin embargo no sospechaba que jamás regresaría a su patria. Las revoluciones y la guerra contra los rusos se lo impidieron, por lo que permaneció el resto de su vida en Francia (pasando temporadas en Mallorca con su amiga, la escritora George Sand, para tratar de recuperarse de su enfermedad aunque lo que conseguía era ponerse aún peor, el pobre). 
Antes de partir, con 20 años, ya iba con el corazón roto al saber que su querida Konstancja Gladkowska, una soprano que había conocido dos años antes, se había casado con otro. Sus amigos le organizaron un concierto de despedida el 11 de octubre (de 1830) y para la ocasión estrenó su segundo concierto para piano y orquesta (hoy lo conocemos como su Nº 1, o simplemente "concierto en mi menor"). En esa velada además participó su amada Konstancja interpretando arias de Rossini. 

Todo el concierto es pura poesía, pero el segundo movimiento rebosa una melancolía casi insoportable. Chopin decía que este movimiento debía "producir la misma impresión que si la mirada se posara sobre un paisaje que amamos, que despierta en nosotros bellos recuerdos". 

Tal vez no se refería sólo a un paisaje.

Chopin mismo explicaba que nunca habría aprendido a tocar el piano de haber sido alemán: "Allí la gente se queja de que toco con demasiada suavidad, con exceso de delicadeza. Están acostumbrados a la manera de martillar el piano de sus propios músicos"

Una delicadeza infinita que nos transporta.

1 comentario:

  1. Marta Aguilera Fuentes, 2ºC.

    Esta audición es una de las más bellas que escuchado. A pesar de su tristeza, siento que de cierto modo es relajante, ya que, no es una tristeza sufrida, si no nostálgica.

    El instrumento solista de dicha audición es el piano. Admiro la delicadeza con la que Chopin lo toca, creo que, sin duda, este es el instrumento que hace que la audición sea relajante, a pesar de su ya dicha tristeza. La velocidad de la audición es lenta, cosa que favorece que se pueda disfrutar mejor la delicadeza del tocar el piano de Chopin.

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