
Robert Johnson es conocido por la leyenda que dice que pactó con el diablo y por ser el primero de una larga lista de artistas que murieron con 27 años: la maldición de los 27 años...
En 1929 encontró la estabilidad junto a Virginia Travis, con la que se casó. Ella quedó embarazada y por primera vez aparecía la felicidad en su vida, pero en abril de 1930 Virginia murió en el parto junto al bebé. Ella tenía sólamente16 años.
La vida de Robert dio un vuelco y refugió su tristeza en el blues, y comenzó a viajar siguiendo a los grandes del blues y tocando sin ningún éxito. Cuando regresó a su ciudad natal sus amigos comenzaron a sospechar algo raro, ya que Robert, que nunca había sido buen músico, comienza a tocar con una ejecución perfecta que recibe la admiración de grandes figuras de la época, y consideran que tocar así de repente no puede ser otra cosa que fruto de un pacto con el diablo.
La leyenda dice que Robert Johnson vendió su alma al diablo en el cruce de la actual autopista 61 con la 49 en Clarksdale (Missisipi), a cambio de tocar blues mejor que nadie. Esperó en el cruce de caminos hasta medianoche, con la guitarra en la mano, hasta que el diablo se la devolvió, y las manos de Robert solo tenían que deslizarse por el mástil para interpretar el mejor blues de la historia.
Robert tocó por todo el sur de Estados Unidos. Nunca se quedaba en el mismo lugar, como si huyera constantemente. La letra de las canciones trataba sobre desesperación religiosa y demonios interiores, y dos de sus mayores exitos hacían referencia a su supuesto pacto. En uno de estos conciertos fue descubierto por un promotor musical, y entre noviembre de 1936 y junio de 1937, grabó 29 canciones, algunas con dos tomas, que junto con dos fotografías, son el único testimonio de su paso por este mundo. Tocaba con una guitarra medio destruida mirando a la pared. Se rumoreaba que era para que no se le vieran los ojos poseídos al cantar. Su leyend aumentaba y contaban hechos extraordinarios, como que tras una tarde de charla con la radio de fondo, era capaz al día siguiente de reproducir cada canción por orden y nota por nota.
Pero aquel 13 de agosto de 1938, en Greenwood, Carolina del Sur, el diablo se cobró su supuesta deuda.
No se le ocurrió otra cosa que seducir a la mujer del dueño del local donde tocaba esa noche, el “Three Forks” y le dieron una botella de whisky abierta. Le advirtieron que nunca bebiera de una botella abierta, pero Robert se enfadó y le trajeron otra botella también abierta de la que bebió.
En mitad del concierto, Robert dejó de cantar, dejó su guitarra a un lado y salió a la calle. Los tres días que siguieron estuvo delirando hasta que murió envenenado por la estricnina que contenía la botella de whisky el 16 de agosto, con 27 años, los mismos que extrañamente tenían al morir otras grandes leyendas de la música como Jim Morrison, Jimmy Hendrix, Janis Joplin y Kurt Cobain.
En “Me and ther Devil blues”, pedía ser enterrado a un lado de la carretera: “You may bury my body Down the highway side”, pero existen tres tumbas que supuestamente contienen sus restos.
Leyenda, mito o realidad, o quizás algo de las tres, hicieron de Robert el mejor bluesman de la historia, contándose entre los cinco mejores guitarristas de todos los tiempos. Algunos de los otros cuatro han hecho curiosamente versiones de sus canciones como Eric Clapton, o Keith Richards, de los Rolling Stones, quien, tras escuchar a Robert Johnson por primera vez, enseguida quiso saber quien era el otro guitarrista, ¡Richards no podía creer que fuese una sola persona el que tocaba!. Cincuenta años después de su muerte, en 1988 una reedición de todas sus grabaciones fue disco de oro y consiguió un premio Grammy.
Seguro que más de un músico vendería su alma por conseguir algo parecido.
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